Enrique Perelmuter

el

Cuando Enrique falleció, cargaba sobre sus espaldas mas de 80 años y el triste récord de ser el preso político que mas tiempo había estado detenido en nuestro país. Se había pasado la mitad de su vida tras las rejas, encerrado por los represores de turno que nunca lo pudieron doblegar.
Fue militante comunista y de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre.
Fue el tipo que en el amanecer de los noventa entendió que había que crear un nuevo organismo de DDHH que aborde las violaciones a los derechos humanos durante el período institucional y así se lo propuso a su entrañable compañero León Toto Zimerman. Efectivamente, fue el padre de Correpi, aunque la historia oficial no lo nombre.
En los últimos años de su vida, debido a sus problemas de salud ya no podía salir de su departamento y esa fue la excusa para que un grupo de compañeros y compañeras que habíamos militado con él en Correpi y luego en Correpi Sur, nos juntáramos en su casa una vez al mes.
Eran encuentros tan fraternos, donde no se sabía bien si los que nos juntábamos eramos compañeros, amigos o familia. Quizás fuéramos un poco de todo eso y él no perdía oportunidad de jugar por un rato con ser el abuelo de nuestras hijas. Lo cierto es que cada vez que íbamos teníamos que hacer el titánico esfuerzo intelectual para seguirle las conversaciones políticas a Enrique, que tras tantos años de encierro en el departamento, su reloj político le atrasaba algunos años y nos planteaba problemáticas que para nosotros ya eran historia vieja hacía tiempo.
Eso sí, imposible irse de la casa de Enrique sin llevarse un libro de regalo, que él previamente seleccionaba de su basta biblioteca. Algunas veces teníamos suerte y recibíamos alguna joyita literaria difícil de encontrar en las librerías, otras nos traíamos a casa algún libro de psicología soviética al cual era difícil encontrarle otro destino que el de la combustión para hacer asado, aunque a decir verdad por cariño a Enrique nunca llegamos a concretar ese bestial impulso.
En esos encuentros, Enrique solía contarnos historias de sus largos años de preso político en las mas diversas y variadas cárceles del país. Sin embargo, ningún relato era tan desgarrador como cuando hablaba de su paso por el Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio La Perla durante la última dictadura cívico-militar. Efectivamente, en ese tiempo había mutado su condición de preso político, por la de detenido-desaparecido.
Sin embargo, ni los años de cárcel, ni su paso por La Perla, ni la misma muerte, pudieron acallar su voz.
No podía dejar de imaginarlo hoy firme en las calles cordobesas, esperando la condena a los genocidas de La Perla y luchando, siempre luchando . Seguramente él ahí estuvo …
Y yo acá, en Banfield, lamentándome no haber estado para poder darle un abrazo y decirle cuanto lo quiero.

Cherco Smietniansky

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